
Burgos, ciudad bravía, cuatrocientas tabernas y una sola librería.
Virgilio Mazuela

Bendito sea Noé
que plantó el primer sarmiento
que a unos quita la sed
y otros el entendimiento
(Tinieblas)

LA «GENTE DEL CLARO»
Cualquier forastero que lea esto, dedicado especialmente a la leve inclinación de ciertos protagonistas de este Anecdotario a empimar el codo, va a pensar que esta tierra es la Reserva Alcohólica del Occidente y que "los de Burgos", somos un hatajo de borrachos, que no veas; que vamos por ahí cayéndonos con unas cogorzas de no te menees, dando tumbos y agarrándonos a las farolas, patinándonos la lengua y que acabamos con "delirium tremens", diciendo bobadas y viendo bichos más raros de los que uno vislumbra habitualmente por estos andurriales. Nada más lejos de la realidad.
Aquí con lo del morapio, por unos pocos que "haiga", nos han colgado un sambenito que para qué. Excepto algunos que ya están pasados de "faroles", aficionadós y alternadores. Vamos, "gente del claro", que no ha hecho mal a nadie y lo único que han buscado ha sido alegrarse a sí mismos y a sus semejantes.
El vino, desgraciadamente, ha formado parte del trasfondo folclórico del pueblo burgalés, de tal forma que se han producido legendarias anécdotas, chanzas, bromas, burlas y chocarrerías.
No sería imaginable que unos personajes como Cucala, Carando, Pelleja, Esponjita, el Tul o Trupetín, fueran abstemios, ex-alcohólicos o vegetarianos. Hubieran roto el argumento de estas anécdotas. No nos lo podemos ni suponer. Sería una herejía que alguno de estos personajes, rechonchos, coloradotes, algo abotargados, pero siempre alegres y entrañables, entrara donde la Aurora, el Reniega o el Charro pidiendo un té, una gaseosa de bolita o un Orange Crush, que es lo que bebían entonces las señoritas, los niños o los ulcerosos,que solían pedir "Bizcarbonato" o Sideral, que eran unos polvos disueltos en agua que servían en los bares de confianza.Actuaba como un antídoto al consumo desorbitado de alcohol, sentaba el estómago,quitaba ardores y aliviaba las secuelas de la resaca. Era una especie de mejunje entre el sifón, la soda y el inevitable "bizcarbonato", indicadísimo también para los que "les había dado una vuelta", o los que tenían síndrome de abstinencia. Vamos la purga de Benito,útil para todo servicio, y de precio:"La voluntad". Era tan gaseosa y de efectos tan instantáneos, que un célebre tabernario llamdo GONZALON, para demostrar su cazurrez solía decir: "Mira si seré bruto que tomo Sideral y no eruto"
Lo de ponerse como un colodro no es exclusivo de esta tierra de garbanzos, ya que en cualquiera de los más de diez mil municipios de esta "autonosuya castellano-leonaesa" le dan al tarro igual que los indígenas nacidos a la sombra del cimborrio de la catedral.Lo que pasa es que se nos nota más, porque vamos de externos. En otras partes se recogen, se meten en casa o en las bodegas y le pegan al acigüembre a su gusto, sin que nadie se entere. Aquí somos más callejeros, itinerantes y se nos ve y lo hacemos más a las claras o a "los claros", como más les guste.
Tradicionalmente, el burgalés ha huido de casa. Claro que las casas de entonces no eran para menos. La superficie de las viviendas de protección oficial de ahora son casi un palacete a su lado. Los hombres se marchaban, como alma que lleva el diablo, a refugiarse en uno de los numerosos santuarios tabernícolas, para darse un resuello al cuerpo y un rato de remojo a la palabra con los amigotes. En aquellas casas de anteayer es que no se cabía. Pongan ustedes aparadores, cómodas, mesas-camillas, consolas, el baúl, el bargueño, camas-turcas y otros trastos y cachivaches y añádanle la ristra de hijos, que como manda la Santa Madre Iglesia eran la prole; vamos, un montón, y verán que no se podía dar un paso por aquellos pasillos estrechos; sobre todo , cuando se iban haciendo mayores y echando culo. Todo eran empujones y tropezones para trasladarse de la cocina al cuarto de estar o del dormitorio al excusado. Y así, empujados por las bajas condiciones de habitabilidad de las casas de San Gil, Santa Dorotea, San Lesmes, San Cosme y otros santos lapidados en las calles de Burgos, nuestros paisanos no tenían otra alternativa que la de alternar o aguantar a la familia, a la que en la mayoría de los casos se sumaban la anciana suegra, la tía enferma, la cuñada solterona y el primo del pueblo, que se arrimaba a la sopa boba los viernes, que era día de Mercado de ganados y se iba al Ferial, aunque sólo fuera para ver los tratos de payos y gitanos.
Completo pues, el habitáculo, el único que sobraba y se tenía que sacrificar era el cabeza de familia, que cedía más espacio a los demás, bajando con resignación , a tomar unos "dieces" y a olvidarse de los malos tragos con otros mejores en la tasca de abajo, porque en Burgos nunca ha sido difícil encontrar una taberna a mano para hacer unas abluciones en honor del dios Baco.
En la inefable prensa local aparecía el año de 1986 un "suelto", a propósito de la reunión de la Federación Provincial de Empresarios de Hostelería, que decía testicularmente:
" Finalmente, los reunidos expresaron su preocupación por la desmesurada proliferación de establecimientos nuevos, que no se corresponde con una aumento en la demanda, lo que está poniendo en peligro la supervivencia al conjunto de la hostelería. Este problema será puesto en conocimiento del alcalde de Burgos en una visita que se girará en los próximos días".
No tiene desperdicio. Parece que la "gente del claro" y los jóvenes, ya tienen suficientes bebederos o tienen menos sed que antes. Menos mal que como último recurso el alcalde puede solucionarlo, porqe si no "la competencia le hunde a uno...". La verdad, es que a lo que se alude es a los casi dos mil establecimientos que existen y que van aumentando a un ritmo de un centenar de chiringuitos , bares, pubs, cafeterías, güisquerías, champanerías, croasanterías, tascas, tabernas, hamburgueserías...por año. Un tanto exagerado para un población de 160.000 habitantes.
Esto debe venir de atrás ,porque en el "Burgos de Ayer", de hace 60 años, se daba un cifra de 4.942.124 litros de vino, cerveza, alcoholes y sidra, convertidos en casi 300.000 cántaras, 2.000.000 de azumbres u 8.000.000 de cuartillos, que se habían consumido en el año 26. Debió ser un año de mucha sequía, suponemos.